Agostini, la primera gran leyenda italiana del motociclismo

miércoles, 11 septiembre 2013

¡El hombre que puso la competición sobre dos ruedas en boca de todo el mundo entre los años 60 y 70 regresa a Misano para presentar un libro sobre su carrera. Para la ocasión, motogp.com recuerda los momentos más significativos  de una trayectoria única.

Este fin de semana en Misano volverá a verse por el paddock del Campeonato del Mundo de MotoGP™ a una de sus figuras históricas más icónicas, un hombre que nunca ha pasado de moda a pesar de que disputó su última carrera en 1977. Es Giacomo Agostini, “Mino” para sus entregados seguidores, quien presentará un libro sobre su extraordinaria carrera durante el Gran Premio Aperol de San Marino y Riviera de Rimini

Agostini ha sido el piloto más galardonado en la historia del motociclismo; 15 títulos mundiales y 122 victorias acumuló este deportista de récord. Si en lugar de piloto hubiera sido futbolista, a “Ago” le habría correspondido el papel del goleador de raza, el habitante del área, el auténtico “killer”.

Devorador de estadísticas y hambriento de éxitos, este excepcional piloto italiano logró tantas victorias que incluso se permite el lujo de no reclamar la conseguida en la categoría de los 750cc y que sería la número 123, pero al carecer aquella carrera de la denominación de Gran Premio -aunque sí fue Mundial-, no subió a su cuenta particular.

“Ago” fue el primer gran campeón que traspasó los límites de su entorno y popularizó el motociclismo enormemente, tanto en su país Italia, como en el resto del mundo. De alguna manera, recorrió el mismo camino que Valentino Rossi ha marcado en la era moderna.

En la décadas de los 60 y 70, la fuerza de los medios de comunicación, especialmente la televisión, no era comparable con la de nuestros días, pero ya entonces se convirtió en lo más parecido a un fenómeno de masas; un ídolo de la juventud, un embajador de Italia, un deportista famoso. Tanto que incluso protagonizó algunas películas que aprovecharon su porte de galán y su mirada entre desafiante y atractiva.

Agostini aterrizó en el motociclismo con una determinación y una claridad de ideas excepcional. Procedía de una familia ajena al mundo de las motos y su padre no quería que compitiera, así que, menor de edad, se fue a ver a un notario con el fin de conseguir el permiso para inscribirse en una carrera de bicicletas. Aquel funcionario convenció al padre y él, con el permiso en la mano, lo utilizó para montarse en una moto: Se inscribió en la Trento-Bondone y acabó segundo al manillar de una modesta Morini 175 Settebello.

Morini le fichó al año siguiente para el campeonato Italiano, que conquistó en 1964. Pero más importante que el título fue su participación como invitado en el Gran Premio de las Naciones, en Monza, donde quedó cuarto. Aquel resultado iluminó al Conde Domenico Agusta, quien ordenó fichar al joven piloto de Bérgamo para pilotar las MV Agusta como compañero de equipo de Mike Hailwood, el campeón inglés conocido como “Mike the Bike”.

Ago debutó en el Mundial en 1965 y fue todo un acontecimiento. Era normal participar en más de una categoría, así que el italiano corrió en 350cc y 500cc en la temporada de su debut consiguiendo su primera victoria en Nurburgring en la cilindrada media. Ganó tres carreras y se proclamó Campeón del Mundo y subcampeón en 500cc.

En su segundo año empezó a fraguarse la leyenda Agostini. Su compañero Hailwood se marchó a Honda y el italiano quedó como el principal defensor de la MV, una combinación explosiva que daría paso a 7 títulos consecutivos de Campeón del Mundo en 500cc, un récord que nunca nadie ha conseguido igualar ni batir.

De 1966 a 1972 “Mino” avasalló en las pistas, no dejó ni las migajas para los rivales, porque no sólo fueron los 7 entorchados de 500; al mismo tiempo sumó también 5 títulos consecutivos en 350cc. Sus duelos con Hailwood y Phil Read fueron épicos en 500cc mientras que en la cilindrada media el finlandés Jarno Saarinen y el italiano Renzo Pasolini fueron quienes más apretaron a Agostini. Pero el italiano vivió también momentos duros cuando en un accidente en Monza, en 1973, murieron Saarinen y Pasolini, amigos y rivales del italiano. Fueron los momentos más tristes para Agostini, una tragedia que lo marcó.

Agostini volaba por los circuitos. Se convirtió en un mito viviente. Su moto barría en los circuitos, y más después del abandono de Honda. La MV era superior, una temible acusación que comprometía sus éxitos. Así que en 1973, después de ganar el título en 350, se marchó a Yamaha (las similitudes con su compatriota Valentino Rossi son también aquí evidentes).

Era toda una aventura abandonar la escudería de casa para irse con los japoneses y pilotar las novedosas motos de dos tiempos, con una tecnología por contrastar. Y como en su debut, Agostini dio la campanada. Venció en las 200 millas de Daytona, una especie de licenciatura “cum laude” que le graduó delante de los especialistas norteamericanos y elevó la consideración del motociclismo.

Victoria en Daytona y campeón de 350cc. Y un año más tarde, Agostini se hizo con el título más prestigioso, el de 500cc con la Yamaha.

 

Agostini disfrutó de una de las carreras más longevas, 17 años compitiendo al máximo nivel. 1977 fue su último año en las pistas como piloto. Su última victoria fue en Nurburgring, el mismo escenario donde consiguió la primera. Colgó después el famoso casco tricolor, pero ni él ni sus récords han dejado de estar presentes en el mundo de la máxima competición sobre dos ruedas.

TAGS San Marino

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