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20 días Hace
By Nick Harris

El más grande y una verdadera leyenda

El excomentarista de MotoGP™ Nick Harris ahonda en la figura de su gran ídolo de infancia y un piloto único: Mike Hailwood

Mi emisora de radio local me llamó el jueves pasado pidiéndome que hablara de mi leyenda deportiva que habría celebrado su 80 cumpleaños ese mismo día: el chico de Oxford Stanley Michael Bailey Hailwood (Mike). Podría haber hablado de él todo el día.

¿Quién fue Mike Hailwood?

Nueve veces Campeón del Mundo, 76 victorias y 112 podios en tan solo 197 Grandes Premios disputados, 14 victorias en el TT de la Isla de Man y dos podios en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 hablan por sí solos, pero hay mucho más que contar de Mike Hailwood, que vivía justo al otro lado de la colina donde crecí, a las afueras de Oxford.

En 1961 fue el ganador más joven de una carrera del Campeonato del Mundo de la categoría reina con la victoria obtenida en el TT con su Norton. Ese mismo año se convirtió en el campeón mundial más joven y le dio a Honda el título de 250cc, el primero para una fábrica japonesa.  Seis años más tarde ganó tres carreras en un solo día en Assen. Sus victorias en las carreras de 250cc, 350cc y 500cc se produjeron después de 436 km de carrera a toda velocidad en el legendario circuito.

Cuando se pasó a las cuatro ruedas, ganó el Campeonato Europeo de Fórmula Dos. En 1973 se le concedió la George Medal, el segundo galardón más importante al valor en Gran Bretaña, cuando rescató a Clay Regazzoni de un coche de Fórmula Uno en llamas con su propio mono ardiendo durante el Gran Premio de Sudáfrica de 1973 en Kyalami. En 1978, once años después de su última aparición en un Gran Premio de motociclismo, volvió a las dos ruedas para competir en el circuito más exigente y peligroso del planeta y ganó. Hailwood tenía 38 años cuando regresó al trazado de 60,721 km para volver loca a la Isla de Man con la victoria más aclamada de la historia de las carreras TT.

Trágicamente, tres años más tarde, Hailwood y su hija de nueve años, Michelle, perdieron la vida en un accidente de tráfico. Hailwood había montado un negocio de venta de motos con el ex campeón mundial de 250cc Rodney Gould y conducía para recoger pescado y patatas fritas para la cena con su hija Michelle y su hijo David. Un camión articulado atravesó ilegalmente un hueco que separaba ambas calzadas y chocó de forma fatal con el coche de Hailwood.

Missing the apex: ¡Gracias, Nick Harris!

Recuerdo ir cabizbajo hacia la escuela una mañana por la calle Park End, inventando las excusas habituales de por qué no había hecho los deberes cuando mi futuro emergió milagrosamente ante mis propios ojos. En el escaparate de la tienda de motos Kings of Oxford, la Honda de 250cc y cuatro cilindros con la que Mike Hailwood ganó el TT me iluminó reflejando el sol de la mañana. Olvidé las matemáticas, la física y los deberes de francés. Ya sabía dónde estaba mi futuro.

En 1965 viajé a la mágica Isla de Man para presenciar mi primera carrera del Campeonato del Mundo. Hailwood contra un prometedor Giacomo Agostini, un cartel difícilmente mejorable. El evento no defraudó. Ambos se estrellaron en el mismo punto pero en incidentes separados. Hailwood volvió a subirse en su MV Agusta para ganar. Ya era totalmente adicto a aquel espectáculo.

Catorce largos años después estaba de vuelta en la isla trabajando para Motor Cycle News. No me di cuenta en ese momento, pero fui testigo de la última victoria de Hailwood en el TT con la Suzuki RG500 de dos tiempos de 500cc en la carrera Senior de 1979.

Conocer a tu héroe deportivo nunca es fácil y a menudo no es aconsejable. Puedes terminar muy decepcionado, pero yo no lo estaba. En 1968 trabajaba como empleado en una oficina de abogados. Estaba desesperanzado y muy aburrido. El amable jefe del bufete me llamó una tarde pidiéndome que fuera a su oficina. Pensé que sería lo habitual: 'por favor, córtate el pelo y la barba antes de ver a los clientes'. Salió a la puerta de su oficina y me dijo que había alguien con quien debía reunirme. Era Mike Hailwood y por una vez en mi vida me quedé sin palabras mientras me daba la mano.

Mike Hailwood, mi héroe deportivo y leyenda absoluta.

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